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viernes, 2 de mayo de 2008

Fortaleza y voluntad

Para sorpresa de nuestros lectores, acá estamos de nuevo con otro interesante artículo tomado de Mercatornet. Este sitio, actual, dinámico y variado, resulta de mucho interés para cuestiones relacionadas con el objetivo de este blog. Se los recomendamos vivamente (pinchar acá).
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En su famoso “marshmallow test” Walter Mischel, psicólogo de la Universidad de Stanford, les ofreció a niños de cuatro años este desafío: Si podían resistir de comerse un rico marshmallow mientras el salía por 15 minutos, les daría dos marshmallows a cada uno. Pero si se lo comían antes de su retorno, ese sería el único que comerían.
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¿Qué harían Uds. si tuvieran 4 años? Algunos de los chicos del test se los comieron en segundos. Otros lograron controlarse los 15 minutos y ganaron el segundo dulce.
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Mischel siguió estudiando a estos niños hasta que fueron adolescentes. Los que a los 4 pudieron esperar 15 minutos, eran más capaces de planificar y llevar las cosas a su término, más capaces de perseverar en las dificultades, más confiados y seguros, más capaces de manejar el stress, más capaces de concentrarse en una tarea, más exitosos académicamente, obteniendo en promedio, más de 100 puntos por arriba –en el examen de entrada a la universidad- que los niños que no pudieron esperar a la edad de cuatro años por el marshmallow.
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Este artículo que reproducimos en su versión original en inglés, es en escencia un análisis de la educación en la virtud de la fortaleza aplicada a la educación en la pureza. Pero la importancia del desarrollo de esta virtud, para la formación de la personalidad de nuestros hijos, no escapa a nadie. En estos tiempos, padres e hijos tenemos que entrenarnos en decir que no para saber decir que sí a lo que nos conviene. No es tarea fácil. Hay que saber ir contra corriente cuando hace falta. Sin voluntarismos, pero con voluntad bien formada y fortaleza que no es empecinamiento.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Familia



Familia y colegio, lo hemos oído tantas veces, son un binomio inseparable desde el punto de vista educativo.
Por ello, debemos actualizar permanentemente nuestra conciencia sobre la importancia de lo que se juega en este ámbito.
A San Josemaría le gustaba repetir a padres y docentes, que lo más importante en el colegio eran los padres. Resulta obvio que no se refería a una patente de corso para mangonear en el colegio.
Por el contrario, era y es un llamado a la reflexión personal sobre la decisiva incidencia de la familia, basada en el matrimonio fiel e indisoluble, en la formación de las personas, en este caso de los hijos-alumnos.
No hace falta decir que esta influencia benéfica e insustituible, no se acota al ámbito privado de la educación de los hijos. Lo excede ampliamente, como lo indica el sentido común, lo muestra la realidad que nos circunda y lo documentan tantos y tantos estudios desde el campo antropológico hasta el bien concreto y pragmático de su incidencia sobre la economía de la nación.
La proximidad de la Fiesta de la Sagrada Familia nos ayuda en estas consideraciones. Nos ha parecido especialmente oportuno incluir aquí las palabras de San Josemaría sobre “El matrimonio vocación cristiana” ( Es Cristo que pasa, nn. 22-30)
"Al pensar en los hogares cristianos, me gusta imaginarlos luminosos y alegres, como fue el de la Sagrada Familia. El mensaje de la Navidad resuena con toda fuerza: Gloria a Dios en lo más alto de los cielos, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Que la paz de Cristo triunfe en vuestros corazones, escribe el apóstol. La paz de sabernos amados por nuestro Padre Dios, incorporados a Cristo, protegidos por la Virgen Santa María, amparados por San José. Esa es la gran luz que ilumina nuestras vidas y que, entre las dificultades y miserias personales, nos impulsa a proseguir adelante animosos. Cada hogar cristiano debería ser un remanso de serenidad, en el que, por encima de las pequeñas contradicciones diarias, se percibiera un cariño hondo y sincero, una tranquilidad profunda, fruto de una fe real y vivida. "

Sobriedad


Uno de los desafíos educativos que nos pone por delante la sociedad de consumo y la cultura hedonista, es educar a nuestros hijos y nuestros alumnos en la sobriedad. Si bien es un tema en el que desde el punto de vista teórico, normalmente estamos todos de acuerdo, a la hora de la práctica, las presiones del entorno o nuestra propia falta de sobriedad y fortaleza, hacen que este tema genere rispideces, a veces difíciles de comprender.
En efecto, somos muy agudos a la hora de juzgar a los demás, pero a la de ver nuestras propias carencias y virtudes, de una indulgencia tremenda. Una sociedad en la que los perros, como los de la foto, tienen cama con dosel, poco difiere de la época de las caballerizas de mármol de Calígula. Aunque suene duro.
Para adentrarnos con más profundidad y profesionalidad en el tema, hemos seleccionado el siguiente artículo de Jutta Burggraf titulado: " Educar en la sobriedad en nuestra sociedad consumista".
"Si queremos educar a los jóvenes, es necesario cumplir con una primera condición que consiste en tener en cuenta esos cambios sociales que se han efectuado en las últimas generaciones. El mundo, evidentemente, no es el mismo que era hace veinte, treinta o cincuenta años; las condiciones en las que vivimos han cambiado notablemente, incluso en los ambientes más "burgueses". No se trata sólo de una mejoría de lo que suele llamarse "nivel de vida", sino de algo más profundo; se ha efectuado un verdadero cambio en el modo de vida: televisión, avión, móvil, ordenador, internet han cambiado nuestra vida. Tampoco los hombres somos los mismos. Percibimos el mundo, sentimos, pensamos y reaccionamos de otra manera que nuestros abuelos. Así las exigencias para una buena formación son distintas que antes. Sin embargo, algunos educadores parecen pensar que los niños serían como la hierba, siempre iguales. Esto es un error, y puede ser, a veces, la causa de la ineficacia.

Hoy en día, en las sociedades de consumo, los niños no son educables como antes. Desde hace mucho tiempo, ya no están sólo bajo la influencia de la familia y de la escuela. Hay muchos co-educadores que atraen a los jóvenes a los valores más contradictorios. Estos son, por ejemplo, la televisión, la propaganda y el grupo de los compañeros de la misma edad. Ejercen una gran influencia sobre los jóvenes y, por supuesto, también sobre los adultos."